A LOS QUE AMAN

Dirección: Isabel Coixet
Año: 1998
Duración: 94 min.
Guion: Isabel Coixet, Joan Potau
Música: Alfonso Villalonga
Fotografía: Paco Femenía
Reparto: Julio Núñez, Patxi Freytez, Olalla Moreno, Monica Bellucci, Christopher Thompson, Albert Plà, Amanda García, Gary Piquer, Juan Manuel Chapella
Producción: Co-production Spain-France; Sociedad General de Cine / Sogepaq / Le Studio Canal +
Género: Drama. Drama romántico.

 

Por Barbara Zecchi, Desenfocadas: Cineastas españolas y discursos de género, Barcelona, Icaria, 2014 pp. 151-152)

En su tercer largometraje, A los que aman, Coixet continúa con el intento de deconstrucción de la escopofilia. Diego Galán, que define esta película como «poema visual», comenta que se trata de la «tercera incursión en el tema del desamor» de Coixet «con referencias que van desde Cumbres borrascosas, de Emily Brönte, a La cartuja de Parma, de Stendhal. […] La directora confesó haber “sufrido mucho por amor […] y a pesar de todo, sig[ue] creyendo en esa fuerza que puede mantenerte vivo, aunque sea por un amor que jamás se concrete”. En esa línea, las primeras frases que se oyen en A los que aman dan cuenta de la conflictiva pasión del personaje principal: “Pasé mi vida amando a una mujer que amaba a otro, que no la amaba a ella sino a otra de la que nunca supo si le correspondía”» (El País, 15-IV-2004). La directora añade que A los que aman «es una película de las trampas que nos tienden nuestros propios sentimientos. El final de la existencia concebida como una sucesión de callejones sin salida, el abismo eterno entre realidad y deseo, el peso intangible de lo inexpresado, recorren las arterias de la película dando vida y muerte a sus personajes» (Caparrós Lera, 1999, p. 25).

 

Espido Freire nota enseguida la deconstrucción de los parámetros patriarcales de esta diégesis: «El cuento de Isabel Coixet, como todos loscuentos, desgrana una historia terrible y magnífica, en el mismo siglo en que las princesas perdían zapatos y las sirenas lloraban su desconsuelo» (El País, 15-IV-2004). La subversión de la escopofilia la encarna el personaje interpretado por Monica Bellucci. El cuerpo de la mujer, que se prolonga en la extensión fálica de la espada, un instrumento relacionado con la vida de su padre, maestro de esgrima, se ofrece con narcisismo —masculinizado por su ropaje— a la mirada del actor varón, dentro de la pantalla, y se exhibe como mujer con poder, como un ser andrógeno erotizado, fuera de la pantalla, no sólo para la mirada del público masculino, sino también del femenino. La inversión de los parámetros denunciados por Burger y Mulvey se realiza a través del uso de lo que se ha definido como «mascarada»: la ambientación histórica y el vestuario que caracterizan estas cintas (la mascarada en términos literales) funcionan en gran medida como un recurso asociable a la noción de «mascarada» (simbólica) acuñada por Joan Rivière en 1929 y retomada por la teoría fílmica feminista con Claire Johnston (1973) y Mary Ann Doane (1982). Para Rivière, la «mascarada» corresponde a una estrategia defensiva a la cual recurrirían las mujeres en posición de poder, que para aparecer menos amenazantes (menos masculinas), se «disfrazarían» exagerando su feminidad. Rivière llega a afirmar que dicha práctica es un comportamiento tan común, que no se puede marcar una clara división entre lo que es «genuinamente» femenino y la mascarada: «El lector puede preguntarse cómo se puede distinguir entre feminidad verdadera y mascarada. En realidad, no pretendo sugerir que exista tal diferencia. Que la feminidad sea fundamental o superficial, es siempre lo mismo» (1994, p. 203). Por su parte, para Claire Johnston, la mascarada no corresponde sólo a disfrazarse, sino también a «quitar el disfraz», es decir denunciar (deconstruir/desenmascarar) las construcciones (los disfraces) patriarcales que han enmascarado a las mujeres, revelando así, por tanto, su estado pre-patriarcal y su esencia femenina.