Año: 2013

Dirección: Neus Ballús

Guion: Neus Ballús, Pau Subirós

Reparto: Rosemarie Abella, Maribel Martí, Raül Molist, María Ros, Iurie Timbur

                                                           

 

RESEÑA DE JAIME OVEJERO RODRÍGUEZ 

Gallecs es un espacio rural en la periferia urbana de Barcelona, una zona de campos de cultivo, pequeños pueblos y caminos de tierra en contacto con bloques de viviendas y autopistas de circunvalación. Éste es el lugar donde Raül trabaja por salvar su cosecha de una plaga de mosca blanca, ayudado por Iurie, un inmigrante moldavo aficionado a la lucha grecorromana. Cerca de allí, María es ingresada en un centro geriátrico por una crisis respiratoria y puesta bajo los cuidados de Rose, una enfermera Filipina. En los senderos que unos y otros transitan cada día se aposta Maribel con su silla de playa, una prostituta que ve como su clientela disminuye cada día.

La ópera prima (en larga duración) de Neus Ballús toma a estos personajes y construye un sensible retrato de un lugar y unas vidas durante parte de un verano, envuelto en una atmósfera de western. Las historias de unos y de otros discurren cruzándose, en algunos casos de forma total, como entre María y Rose. En otros, sus vidas apenas se rozan, en forma de los discretos saludos entre Raül y Maribel mientras el primero pasa en su furgoneta. De este modo, la película emerge como un delicado mosaico de unas existencias periféricas: las de los bordes de las ciudades, las del espacio rural, las de la inmigración, las de la senectud. Al mismo tiempo, constituye un retrato de la soledad y de una necesidad de contacto, de compañía, de comunicación. En el trasfondo está, ineludiblemente, la brutal crisis económica, no como un personaje mentado, sino como una realidad omnipresente y agotadora, introduciéndose por cualquier resquicio de estas historias.

Sin embargo, Ballús evita que los personajes queden reducidos a personificar una situación: al contrario, arroja una mirada cargada de intimidad. La obra se mueve en un espacio híbrido, entre la ficción y el documental, donde los actores no sólo se interpretan a sí mismos, sino que sus propias vidas fuera de la pantalla han dado forma al guión. Fruto de años de contacto y trabajo entre ellos y la directora, La Plaga tiene una cualidad orgánica que se refleja en esa cercanía entre personajes y cámara, y en un ritmo pausado, una mirada tranquila que examina sus rutinas cotidianas y observa respetuosamente los momentos de mayor carga dramática. De igual modo, Ballús se acerca también a los cuerpos de los protagonistas: los músculos de Iurie en movimiento, el cuerpo desnudo de María. Sin embargo, la mirada no resulta intrusiva, sino cercana.

La Plaga dibuja también un mapa de Gallecs, a través de los relatos de sus personajes y de un paisaje convertido en elemento capital. Las fincas, los caminos polvorientos o la tierra aparecen retratados por una fotografía que representa brillantemente una sensación de calor que llega a ser agobiante. Al final, la tensión acumulada por los personajes parece mimetizarse con el paisaje, y éste responde en forma de una lluvia abrumadora que inunda la pantalla.

  

 

Para citar esta reseña, por favor usa la referencia: Ovejero Rodríguez, Jaime (2015): «Reseña de La plaga», Gynocine: A History of Spanish Women's Cinema, Barbara Zecchi, ed.www.umass.edu/gynocine/

LA PLAGA