TORTILLA SOUP

Dirección: María Ripoll
Año: 2001
Guion: Ang Lee, Hui-Ling Wang, María Ripoll
Música: Bill Conti
Fotografía: Xavier Pérez Grobet
Reparto: Héctor Elizondo, Jacqueline Obradors, Tamara Mello,

Elizabeth Peña, Nikolai Kinski, Raquel Welch,

Constance Marie, Joel Joan

 

 

RESEÑA POR ELISABET PALLÀS,

Ejemplo por excelencia del cine gastronómico –y amparado a su vez en la categoría de comedia y cine para chicas o Chick flick– Tortilla Soup(Maria Ripoll, 2001) constituye una versión latina –próxima al “shot for shot” remake– de la cinta original dirigida por Ang Lee –Eat Drink Man Woman (1994)–, donde un chef viudo afronta los conflictos con sus tres hijas en el marco gastronómico de la cena familiar, celebrada una vez por semana. En una escena del todo análoga al original taiwanés, la película abre con un Martin (Héctor Elizondo) que prepara los alimentos para la próxima reunión familiar. La secuencia, que resalta por la destreza de Martin, el carácter profesional de la cocina, y por los constantes primeros planos que nos acercan al colorido y frescura de los alimentos, sentará el tono de toda la cinta, marcado por una banda sonora animada y por el mundo de sensaciones –olor, sabor, textura– derivado de los platos presentados. A lo largo de la película, la comida en sus distintos estadios –preparada, sin preparar, o en proceso de elaboración– constituirá el hilo narrativo de la cinta y metáfora de las raíces étnicas de la familia mexicoamericana, caracterizada por el bilingüismo y cierto grado de choque cultural, ejemplificado a su vez por la intangible presencia de la cultura estadounidense en las conversaciones entre personajes.

Esencialmente, la película abordará los conflictos entre el padre –construcción patriarcal por excelencia, que preside la mesa y dirige de forma ritual las celebraciones familiares– y sus hijas, que aunque viven bajo su mismo techo desarrollarán de forma progresiva intereses y relaciones sentimentales con el exterior, en un proceso que culminará en la creación de famílias independientes al espacio patriarcal –simbolizado por el padre, el hogar, y su cocina tradicional–. En su estado desencantado con la vida, Martin deberá lidiar con su discapacidad –desde que su esposa murió, ha perdido el sentido del gusto– y con sus hijas, de carácter muy dispar: la mayor de ellas, Leticia (Elizabeth Peña), que parecía haber aceptado la responsabilidad de quedarse junto al padre, establecerá una relación accidentada con el nuevo profesor de gimnástica del instituto en el que trabaja, con quien terminará comprometiéndose. La mediana, Carmen, (Jacqueline Obradors), mujer de negocios y en plena expansión profesional, acaba de recibir una oferta de trabajo en Barcelona. Maribel (Tamara Mello), por último, en época de crecimiento personal, tratará de posponer su acceso a la universidad para “conocerse a sí misma”, aunque dicha decisión coincidirá con el inicio de una relación sentimental con su novio brasileño. La estructura jerárquica de las relaciones entre personajes, no obstante, se respetará en todo momento: la incorporación del nuevo miembro a la familia pasará por ser presentado en la cena familiar, donde se formalizará explícitamente la relación entre ambos, que será aprobada –o no– por el padre. Incluso Martin respetará esta fórmula al revelar, a modo de desenlace, su inesperada relación con Yolanda, a quien se promete finalmente en matrimonio para la desgracia de la madre de ésta –también viuda–, que pretendía abiertamente seducirlo.

Rechazando abiertamente un trasfondo ideológico de excesiva complejidad, Tortilla Soup aúna las características de una comedia ligera y un guion aceptable con una sensación de calidez hogareña, que se desprende del contexto gastronómico de la trama y de la clásica fórmula de “final feliz” propia de las comedias convencionales, donde todos los personajes terminan felizmente emparejados. Ripoll rescata las mejores características de la cinta original –la representación exhuberante de la comida y la metáfora de lo culinario como un espacio de comunión y reflexión vital– en una cinta que acierta en reproducir una fórmula desafortunadamente poco explotada en el cine comercial, como es la representación de una familia mexicanoamericana de clase media en un contexto cotidiano y alejado, por una vez, de los thrillers, dramas, y cine policíaco. 

Para citar esta reseña, por favor usa la referencia: Pallàs, Elisabet  (2015): «Reseña de Tortilla Soup», Gynocine: A History of Spanish Women's Cinema, Barbara Zecchi, ed. www.gynocine.com