YO, PUTA



Dirección: Luna
Nacionalidad: Española
Año: 2004
Duración: 90 minutos
Género: Documental.
Color o B/N: Color.

Reparto: Daryl Hannah, Denise Richards, Joaquim de Almeida
Guión: Adela Ibáñez, Isabel Pisano (adaptación del ensayo de Isabel Pisano)
Fotografía: Ricardo Aronovich
Música: Javier Navarrete

 

RESEÑA POR ASIER GIL VÁZQUEZ

Tres años después debutar con Stranded (náufragos) Luna abandona la ciencia ficción y se adentra en el género documental con Yo, puta (Whore). Si bien este título no encajaría en la estructura más canónica del documental, se podría englobar dentro del auge que este género experimentó a comienzos del siglo XXI entre las cineastas españolas, ya que pasó de un 6.7% del total de la producción realizada por mujeres en los noventa a un 17% durante los años 2000 (Núñez Domínguez, 2010: 130).

Para este proyecto adapta el ensayo de la periodista Isabel Pisano "Yo puta. Hablan las prostitutas", publicado en 2001 y que llegó a convertirse en un best-seller. El guión fue escrito por la misma Pisano al alimón con Adela Ibáñez, hermana de la cineasta. La voz en over de una investigadora -trasunto de Pisano- funciona como hilo conductor a través de una panorámica de la industria del sexo, en la que aparecen testimonios, así como reportajes sobre una sesión de fotografía pornográfica, material grabado de una audición para actriz porno y una historia de ficción sobre una joven estudiante que al perder la beca decide entrar en el negocio del sexo de la mano de su amiga y vecina. De esta manera, Luna busca una mirada poliédrica y lo más equidistante posible en relación a uno de los más polémicos debates fuera y dentro del feminismo. Con un presupuesto de seis millones de dólares, Yo, puta fue rodada en España, República Checa, Cuba y Estados Unidos y contó con Daryl Hannah, Denise Richards y Joaquim de Almeida para los fragmentos ficcionados. La cinta fue distribuida en más de sesenta países y se presentó en festivales como el Tribeca de Nueva York.

La principal similitud entre la cinta y el texto original radica en el uso de testimonios (de prostitutas, clientes, estrellas y productores de porno, proxenetas, strippers…), algunos de ellos son contactos que Pisano había usado en su libro y que facilitó para el largometraje. No obstante, la cinta se diferencia del ensayo en el posicionamiento que toma, con un distanciamiento más remarcado que el “hablan las prostitutas” que prometía el subtítulo del libro. Esto se debe en gran medida a la marca que la periodista dejaba en su manera de enfocar las preguntas o en las valoraciones que realizaba al describir a las interlocutoras, mientras que la voz de Luna permanece ausente a lo largo de la película. De esta manera, el posicionamiento de la directora recae en el uso que hace del lenguaje audiovisual, principalmente en los elementos híbridos que se derivan de la decisión de jugar con la docu-ficción, que fuerza a un pacto de lectura diferente al pacto de ficcionalidad o pacto de referencialidad, propios de la ficción y el documental, respectivamente. Por lo tanto, esta propuesta obliga a quien está leyendo/viendo a combinar estos dos tipos de pactos en una tercera vía: el pacto de ambigüedad (Alberca, 2007). Esto permite a la espectadora tomar distancia, abrir el horizonte de expectativas y formularse preguntas, más que esperar respuestas.
La construcción de personajes a partir de las personas entrevistadas es uno de los rasgos más marcados de este carácter ambiguo que nos hace dudar sobre la veracidad de la imagen. En algunos casos el croma que sitúa al personaje en un espacio, así como su vestimenta o la escenificación de prácticas sexuales rozan la estereotipia a la que varias figuras de la industria del sexo están ligadas. En segundo lugar el acercamiento al porno desde detrás de las cámaras plantea dudas sobre la agencia de las actrices así como sobre la posición naturalizada de dominación propia del porno realizado por y para hombres. Finalmente, la historia de ficción sirve como apoyo a algunos de los pasajes documentales. Es el caso del paralelismo que se traza entre las dos audiciones de actrices porno, una primera real y otra al final del largometraje como parte de la ficción. En este caso la ficción permite que la espectadora imagine un contexto para aquella joven que ha visto en la primera audición en la que no se problematiza el concepto de libre elección.

Luna se acerca a un retrato colectivo a través de un amplio abanico de testimonios, como prostitutas que trabajan en la calle, en clubs o de lujo; mujeres cis y mujeres trans; mujeres europeas, africanas, asiáticas y latinoamericanas; mujeres jóvenes y de mediana edad… No obstante, no es necesariamente la diversidad de experiencias recogidas lo que dota a la cinta de un carácter menos dogmático o partidista sino la capacidad de generar un extrañamiento que posibilita el distanciamiento crítico para que la espectadora pueda hacer una lectura propia lo menos orientada posible.

Referencias:
- Alberca, M. (2007): El pacto ambiguo. De la novela autobiográfica a la autoficción. Madrid: Biblioteca Nueva.
- Nuñez Domínguez, T. (2010): Mujeres directoras de cine: un reto, una esperanza. Pixel-Bit. Revista de Medios y Educación, 37, 26-38.

Para citar esta reseña, por favor usa la referencia:
Gil Vázquez, Asier (2017): «Reseña de Yo, Puta (Whore)», Gynocine Project, Barbara Zecchi, ed. www.gynocine.com